miércoles, 10 de julio de 2013

martes, 9 de julio de 2013

sábado, 6 de julio de 2013

Buenos Aires B&N

Baires London y una pareja...

jueves, 4 de julio de 2013

El alivio del asunto


  Ibuprofenos siempre habia sido como una leyenda entre aquellas mujeres de la isla de Las Ninfas. Sólo se sabía que la "Maldición de Eva" era menos sufrida cuando se tomaba de su alquimia, pero a ciencia cierta nadie había probado jamás su ingesta, sólo personas que conocían a personas que decían conocer a mujeres que sí lo habian hecho, y que según su propia palabra, era como una posión magica.
Sin embargo, la leyenda era escuchada una y otra vez, con la ritual separación de los silenciosos veintiocho dias de entremedio. De madre a hija eran narradas como se cuenta la llegada de un hijo de Dios, y así seguia transitando la historia, de generación en generación. No obstante, las palabras eran traídas y llevadas por el viento.
Pero hubo un dia, que nadie conoce, de un año que nadie recuerda, en que Actrón, héroe supremo de la isla, decidido estuvo a buscar tal posión hasta la tierra misma del Masashá.
Dicen las malas lenguas que fue por que la mujer lo tenía cansado con los dolores que le agarraban en su período menstrual, y que debía masajearle la espalda a la altura de los riñones para aliviarle el dolor. Pero eso nunca era suficiente, y por más que la masajeara, el dolor no se iba, y Actrón no podia pegar un ojo, ni siquiera de tarde, porque su mujer, Bashery, estaba demasiado histérica como para verlo sin hacer nada cuando ella estaba sufriendo tanto.
Y presto a encontrar la cura que dejara no sólo en paz a su amada, sino también a él mismo, emprendio su periplo hacia lo desconocido.
Dicen que fueron muchos los hombres que lo ayudaron a construir su barca, no por gusto, sino porque sus mujeres los obligaron. Pero no hay documentación al respecto, lo cual señala que debe ser falso, y deben ser sólo habladurías de hombres.
Estuvo más de cuatro meses sin aparecer, hubo quienes pensaron que habia encontrado una mujer que no tenia La Maldición, que orinaba de pie y tenia voz ronca, y otros que dijeron que Actron habia sido devorado por los dragones del mar, que bebían sangre humana cual si fuera limonada, y que masticaban los barcos como chicle, por eso siempre tenian aliento a roble.
Lo cierto es que su aventura fue más dificultosa que tener que lidiar con dragones o con mujeres con prominente nuez de Adán.
Lo primero que halló al llegar a Masashá, fue un largo desierto que cubría el horizonte con doradas arenas que le obligaban a caminar con un pañuelo en la nariz para poder respirar, y "los ojitos chiquitos como chino corto de vista", según le contasen mas tarde a sus vecinos de la isla. Pero eso no machacó su afán de encontrar el Ibuprofenos, y volver airoso a los brazos de su amada.
Fue asi, como siguió su recorrido por esas tierras, en las cuales conservó ayuno durante cuarenta dias y cuarenta noches, después de cada una de las cuales tuvo hambre, el cual pudo saciar con voracidad extrema cuando encontró una mulita detrás de un arbusto, en la tierra de pastos verdes, de donde brotaba un arroyo como un manantial, y donde según cuentan los oráculos, se halla la "Planta Máter" de la cual nace como fruto el Ibuprofenos, en forma de pequeñas cápsulas blandas de gelatina.
Pero cuando estaba a punto de dar su primer bocado, su tensa piel que había sido curtida por el sol hasta quedar casi en carne viva, le hizo caer al suelo con un agudo dolor que nació en su rostro y se extendió hasta donde termina la imaginación. Recordó entonces a su mujer, y sus consejos sobre aplicarse religiosamente aceite de aloe vera cuando estuviera al rayo del sol, por eso le había dado un pote lleno, pero Actrón lo tiro al mar apenas se alejó un poco de la isla, porque si lo viese algún hombre con eso en la cara, se reiría de él.
Por suerte, el arroyo fresco y manso le permitio aliviar su dolor al sumergirse en sus aguas, así pudo comer aquel animal cuadrúpedo, aunque con mucho esfuerzo, claro.
Al otro dia, desperto cubierto de barro, y con los pequeños huesos de la mulita sobre el pecho. A duras penas se levantó y comenzó a caminar del otro lado del surco de agua, y detrás de unos verdes pinos encontró la razón de su viaje.
Podría haber expresado su alegría con cantos y gritos de algarabía, pero el cuerpo estaba muy débil, y se sentia desfallecer, por lo cual, llegó a la planta en cuestión y se sentó en su sombra para descansar y meditar la continuación de aquella historia.
No es que tuviera muchas dudas, porque hasta el momento todo se le presentaba demasiado facil. A pesar del ayuno que debió conservar en la recorrida por el desierto, la vuelta sería más sencilla, porque podría llevar frutas que recogería en ese lugar. Pero sentía una especie de remordimiento, porque sabía que cualquier hombre que se decidiera, habria llevado este fruto hasta las mujeres que lo requiriesen. Ademas sintió codicia, porque ahora tenía Ibuprofenos en su poder, todas las mujeres estarían a sus pies, y la tentación existiría a un paso de distancia.
Pero dicen que el amor es más fuerte, y realmente lo fue. Tras meditar toda aquella tarde descansó al anochecer, y cuando amaneció juntó muchas capsulas en su bolso, para darle a su mujer y cultivar en su patio, para que nunca faltase, y además para iniciar una PYME, según los planes que tenía.
Pero tanto espacio le tomó llevar frutos de esta planta, que se quedó sin espacio para otras frutas para tener qué comer durante su regreso por el desierto. Fue de esa forma como ideó un plan para hacer un morral con el caparazón de la mulita y unas vainas de choclo que encontro muy cerca de donde él estaba. No se puede decir que su obra era una belleza, pero sí era muy util.
Así salió, cargado de frutas y algunas verduras rumbo al desierto por donde había venido. Suerte tuvo al tener durante cuarenta jornadas de marcha el viento a su favor, y el sol oculto por espesas nubes.
Pero los días se alargaron, y la sensación de estar totalmente perdido fue creciendo. El desierto era enorme, y se extendía mucho más en las oscuras noches, y en los amaneceres cubiertos de ventisca arenosa.
Hasta que se topó con una pared, que tuvo que seguir con su mano hasta hallar una puerta dónde golpear. Lo cierto es que terminó golpeando la ventana, pero le abrieron igual. Fue desgracia la que tuvo que justo esa casa fuera la de un ladrón y asesino a sueldo, que lo primero que hizo despues de dejarlo pasar alegremente, fue revisarle los equipajes para quitarle las cosas de valor que pudiera tener. Pero al ver que solo traía frutas y verduras, pensó que se trataba de alguien mucho más pobre que él,por lo que ofreció bebida y descanso al extraño. Estuvieron charlando un rato, hasta que el grito de una mujer hizo tronar las paredes y pegar un salto a los dos hombres. Shazim, el ladrón, se puso muy colorado y se disculpó, dijo que su esposa se encontraba con "el asunto" y debía ir a atenderla. Actrón, alma bondadosa si existen, le dijo que él tenía su alivio, y le dio una fruta del árbol mágico, la cual el otro agarró con cierta desconfianza, pero tras vacilar un rato, se dijo que si acaso fuera veneno, sería un alivio de todos modos.
Grande fue la sorpresa al descubrir que el dolor pasaba y la tranquilidad volvía a su querida mujer, sin embargo, ya Actrón se había marchado para no importunar, y Shazim quedó preocupado por su destino cuando el efecto de esa droga pasara y volviera el sufrimiento. Que Dios se apiadara de su alma.
Finalmente, el héroe pudo al fin retomar su viaje, y volver a su añorada isla de Las Ninfas, con la frente en alto, y su misión cumplida.
Sin embargo, al arribar a puerto, fue visto con extrañeza, y muchos que pasaron ni siquiera voltearon para verlo. Él pensó, que no era reconocido por los harapos que vestia, la barba que adornaba su rostro, y la sucia mochila donde cargaba su tesoro. No obstante, siguió felíz y con gran alegría emprendio el camino a su casa, donde estaria la mujer que aunque hubiera pasado cuatro meses de la partida de su marido, lo debia esperar entre sollozos y desgarradores suspiros de amor.
Lo cierto es que Bashery estaba embarazada, y ya no precisaba del glorioso remedio, no porque no pensara en el futuro posterior a morir, sino porque se había casado con otro hombre que se habia adelantado a Actrón, y trajo Ibuprofenos antes que él.

La gente lo había olvidado, y le era indiferente. Sólo se referían a él despectivamente, diciendolé "venado", o "cornudo" a secas, o lo que era más mortificante "el lento.

Todo esto le ocasionó muchos dolores de cabeza, y no pocas ganas de suicidarse, lo cual lo empujó lentamente hasta las barrancas de la isla, desde donde se podia ver el extenso mar que la bordeaba.
Lamentablemente, cuando se le ocurrió tirarse, la marea estaba baja, y su cuerpo dió contra las piedras que no lo mataron, pero sí le provocaron varios machucones y hematomas considerables. Pero no contento con eso, intentó suicidarse comiendo del fruto mágico, que sólo debía consumido por mujeres (según detallaba la leyenda), fue así como descubrío los poderes antiinflamatorios y aliviadores de dolor que poseía el Ibuprofenos.
Esto último puede llevar a pensar que Actrón, sin embargo, triunfó en su cometido, pero Ibupirac, un primo del actual marido de Bashery, ya lo habia descubierto, por lo cual nuestro héroe fue lanzado con majestuosa asquerosidad hacia un largo olvido que desembocó en un humilde manicomio, donde según cuentan las viejas, que no tienen nada que decir, se lo podia ver durante las tardes hablando con su sombra, y contándole las aventuras que había tenido en un lugar llamado Masashá.

                                                                                                                                    Cristian Pais (2010).

No te olvido

En mi boca sólo queda la nostalgia de tus besos.
En mis ojos aún se ve el brillo de tu risa,
y en mis oidos todavía hace eco el sonido de tu voz...
(Me siguen ardiendo tus caricias...!)